Los cuatro tipos de buenos amigos

Sean conscientes de estos cuatro amigos de buen corazón:

  1. El ayudante.
  2. El que permanece en las buenas y en las malas.
  3. El mentor.
  4. El compasivo.

El ayudante lo puedes identificar por cuatro cualidades: te protege cuando estás vulnerable, hace lo mismo con tu riqueza, es un refugio cuando tienes miedo, y en varias ocasiones proporciona el doble de lo que se le pide.

El amigo perdurable lo identificas por cuatro cualidades: te cuenta sus secretos, guarda tus propios secretos, no te abandona en la desgracia, y es capaz de dar la vida por ti.

El mentor puede ser identificado por cuatro cualidades: te frena de hacer el mal, te guía hacia buenas acciones, te dice lo que debes saber, y te muestra el camino del bien.

El compasivo se identifica por cuatro cualidades: no se regocija en tu desgracia, se deleita de tu buena fortuna, evita que otros hablen mal de ti, y alienta a quienes alaban tus buenas cualidades.

Lo más importante es ser esos cuatro amigos contigo mismo. Cuando reconoces que los demás son parte de tu verdadero ser, no hay distinción entre ser bueno con otros o ser bueno con uno mismo.

Una infancia condenada a fracasar

A principios de los años 1990s un equipo de psicólogos se dieron a la tarea de determinar como la atención de una madre afecta a sus hijos conforme crecen. Tomaron dos grupos de simios y los pusieron en dos entornos distintos. En el primer entorno la madre siempre tenía acceso a alimento. Ella podía centrar toda su atención en su bebé en lugar de estar constantemente en busca de alimento. En el segundo ambiente, la comida era difícil de conseguir. La madre tenía que dedicar demasiado tiempo en buscar alimento que hacía descuidar a su hijo.

Los resultados fueron trágicos. El segundo grupo de bebes crecieron con desesperación notable y problemas de ansiedad. Sus cerebros literalmente se veían diferentes. Sus células cerebrales no eran capaces de regular emociones como las de sus compañeros mas sanos. Una vez que se convirtieron en adultos, el segundo grupo de simios eran tímidos, dependientes, débiles e incómodos socialmente. Tenían problemas para hacer amigos, y nunca se hicieron líderes. Quedaron marcados de por vida –y su potencial por siempre disminuido– por sus distraídas madres.

De cierta forma este mismo experimento se está llevando a cabo en la sociedad moderna. Algunas madres cuentan con acceso fácil a las necesidades básicas de la vida como alimento, resguardo, vestimenta, transportación, atención médica… pero muchas no. Millones de madres viven al día con lo que ganan, trabajando en diferentes lugares por largas horas, dejándolas demasiado ocupadas y cansadas para darle a sus hijos la misma atención que sus compañeras mas ricas.

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La diferencia es tan drástica que los niños criados en pobreza tienen una actividad cerebral que parece como si hubiera sido dañada por un infarto. Estudio tras estudio ha demostrado que esas marcas duran hasta la edad adulta, afectando desde oportunidades de trabajo hasta la felicidad matrimonial.

Los psicólogos han pasado décadas estudiando las distintas actitudes que la gente desarrolla al vivir en distintas clases sociales. De acuerdo a un artículo reciente en el Annual Review of Psychology, han llegado a algunas conclusiones sorprendentes.

Primero, los padres con ingresos mas altos alientan a sus hijos a seguir sus sueños. Les inculcan el pensamiento crítico y apoyan sus expresiones de gustos, disgustos, sentimientos y pensamientos, y les dan oportunidades de perseguir esos intereses. Los padres con ingresos tienden a enfatizar la dureza y el orgullo frente a la adversidad. Ellos enfatizan reglas que no deben romperse, y luego dejan que sus hijos se las arreglen por su cuenta.

Desde ahí, los niños van a la escuela, donde los hijos de padres con ingresos altos reciben las oportunidades de trabajar independientemente, pensar creativamente y hacer preguntas. Sus padres tomaron un rol activo, desafiando prácticas con las cuales estaban en desacuerdo. Sus maestros los tratan como adultos y premian a los estudiantes que hablan y toman iniciativa.

Los hijos de padres de bajos ingresos usualmente se encuentran a si mismos en un ambiente mas estricto. Caminan a través de detectores de metal y no se les confía equipo básico del salón de clases. Sus padres quieren involucrase, pero nunca lo hacen. Sus maestros demandan respeto y premian a los estudiantes que muestran sumisión.

Para cuando entran a la fuerza laboral, no es difícil ver como esos dos grupos se han arraigado con dos diferentes actitudes hacia el éxito. Los hijos de padres de alto ingreso han aprendido habilidades de liderazgo como tomar la iniciativa, tratar a las autoridades como similares, y pensar fuera de la caja, mientras que sus compañeros de bajo ingreso han aprendido a mantener sus cabezas agachadas y hacer solo lo que se les pide.

Para aquellos que han tenido éxito en lo material, les puede parecer que todos todos los demás han elegido no seguir ese mismo camino, pero la realidad es que la mayoría no sabe como encontrar ese camino. La mayor y mas grande tragedia es que para muchos en la economía actual, el camino puede que ni siquiera exista en toda su vida.